La inflación moderada argentina

Según las últimas encuestas, el aspecto de la economía que más preocupa actualmente a los argentinos es el nivel de inflación. Esto se debería a la aceleración de los últimos meses – fruto de la devaluación y ajuste de tarifas –, aunque es necesario aclarar que la economía argentina presenta una variación de precios elevada desde, al menos, 2007.

En efecto, siguiendo los criterios de Morra (2013), las inflaciones moderadas son aquellas que se sitúan durante al menos tres años consecutivos entre el 15% y 30% anual. Estos valores resultan lo suficientemente altos como para tener un efecto negativo sobre la actividad económica, pero no tan altos como para que las consecuencias sean disruptivas.

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Morra (2013) identifica casos de inflaciones moderadas entre 128 países en el período 1960-2011. Los resultados muestran que hubo 108 casos de este tipo, concentrados en casi el 60% de los países analizados (es decir que algunos países tuvieron más de un episodio de inflación moderada a lo largo del período analizado). Si bien se desprende que este tipo de dinámicas inflacionarias han sido comunes, casi el 72% del total de casos se iniciaron en el período 1970-1990. Desde el 2000, este tipo de episodios fueron la excepción ya que se registran sólo 5 casos iniciados, entre los cuales se encuentra el argentino.

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La duración promedio de este tipo de episodios es de 5 años y medio, aunque el 73% de ellos duró menos de 5 años. De esta manera, el episodio argentino ya se ubica entre el 10% de los casos que tuvieron la mayor duración.

El problema con las inflaciones moderadas es que, si bien no provocan fuertes disrupciones en la actividad económica como las inflaciones elevadas, generan incertidumbre con respecto a las condiciones económicas del futuro, por lo que se acorta el horizonte temporal de decisiones. Así, se ven afectados los planes de inversión y consumo, a la vez que surge un elevado número de contratos con cláusulas de indexación, con el fin de cubrirse ante cambios inesperados en los niveles de inflación. Si bien estos acuerdos ayudan a reducir la incertidumbre, también dotan a la dinámica inflacionaria de un componente inercial que es muy difícil de reducir.

Por otro lado, en este tipo de cuadros inflacionarios surgen ciertos precios a partir de los cuales la gran mayoría de los agentes corrige los precios generales de la economía. Estas variables suelen denominarse anclas nominales y su función consiste en coordinar las expectativas de una multitud de actores económicos, que deben tomar decisiones en un contexto incierto. En el caso específico argentino, el tipo de cambio parece desempeñar esta función.

Según la muestra del trabajo citado anteriormente, el 54% de los episodios de inflación moderada lograron transitar exitosamente hacia niveles de inflación inferiores al 15%. Esto demuestra que estas dinámicas inflacionarias no siempre descienden monótonamente hacia un régimen de baja inflación, sino que en muchos casos la trayectoria de la tasa de inflación fue  errática o directamente desembocó en episodios de alta inflación.

Las desinflaciones exitosas

Los casos de desinflación exitosa tuvieron una duración promedio de 4 años, a pesar de que el 60% de ellos duraron menos. Por otro lado, se observa que en promedio el descenso de la tasa de inflación fue de 5,9 puntos porcentuales por año.  De aquí se desprende que la salida exitosa desde un régimen de inflación moderada no parece estar acompañada de políticas de shocks, en contraste con los episodios de alta inflación.

Otra característica relevante de este conjunto de episodios inflacionarios es que el proceso de desinflación no parece tener una clara relación con el costo económico en términos de nivel de actividad, ya que en muchos casos se logró con tasas de crecimiento en torno al promedio histórico. Tampoco parece haber relación entre la duración de la desinflación y el costo económico.

 

De estas transiciones exitosas pueden derivarse algunas lecciones para el caso argentino:

  • Atrasar el tipo de cambio puede colaborar a comenzar un proceso de desinflación. Los beneficios de ello es que al inicio del proceso es cuando el pass-through es más elevado. Una vez que la inflación sea menor, y presumiblemente también el pass-through, parecería el mejor momento para introducir las correcciones necesarias. El principal costo de ello es que no siempre están dadas las condiciones para mantener un tipo de cambio bajo. Para ello es necesario tener capacidad de financiamiento para un eventual déficit de cuenta corriente persistente y salida de capitales.
  • Un proceso de desinflación exitosa generará un aumento en los salarios reales, siempre que los nominales se ajusten a partir de la inflación del período anterior. El riesgo es que los empresarios se resistan a disminuir su participación en el ingreso total de la economía, por lo que la inflación inercial y por puja distributiva se mantenga en valores elevados.
  • Como se adelantó, el atraso cambiario y la suba de los salarios reales generará un deterioro en la cuenta corriente, a no ser que se registren aumentos en los precios de exportación. De esta manera, las reservas internacionales acumuladas en períodos anteriores y un buen escenario internacional, tanto en términos de precios como de tasas de interés, serían de utilidad para salir de este tipo de dinámicas inflacionarias.
  • Las metas de inflación – especialmente cuando incorporan alguna información sobre el ritmo de devaluación y sean creíbles – pueden ser útiles para que los agentes paulatinamente comiencen a formar sus expectativas sobre esa información. La idea básica es que de a poco vayan reemplazando al tipo de cambio como ancla nominal de la economía.

Las políticas del gobierno

A la luz del anterior análisis se pueden extraer algunas conclusiones acerca del efecto las decisiones de política económica del nuevo gobierno sobre la inflación.

En este sentido, se destacan tres medidas que son consistentes con la experiencia de desinflaciones exitosas. En primer lugar, el plan de metas inflacionarias anunciado por Prat Gay contempla una desinflación de 4 años de duración, en línea con el promedio de las desinflaciones exitosas. En segundo lugar, el BCRA no renunció a la administración del tipo de cambio, aunque tampoco parece dispuesto a permitir una apreciación significativa. En tercer lugar, la posibilidad de colocar deuda internacional en moneda extranjera otorga un mayor grado de libertad para financiar el déficit de la cuenta corriente y una eventual apreciación real.

En contraste con este grupo de políticas, la decisión de devaluar fuertemente la moneda al inicio del intento de desinflación, período en el cual el pass-through tiende a ser más alto, no parece haber contribuido al objetivo, sino todo lo contrario. De todos modos, es posible que dicha medida fuera inevitable en algún grado, de manera de permitir el fin de los controles cambiarios, fomentar la liquidación de los stocks agropecuarios y desincentivar la salida de capitales.

Finalmente, la falta de acción por parte del gobierno para intentar paliar la inflación inercial y la puja distributiva (tanto por el lado de los salarios como de los beneficios) puede ser un factor crucial que condicione las posibilidades de éxito del plan de desinflación. La desaceleración en la tasa de emisión monetaria no tendrá ningún efecto si no es acompaña de medidas intervencionistas complementarias.